
“…César (Nerón) había ordenado que antes de tres días quedasen encerrados en la cárcel de Mamertina (cárcel para reos de muerte) Pedro y Pablo…
¡Escóndete, maestro! ¡Huye de aquí! ¡Lejos de la fiera!
…A la mañana siguiente, muy temprano, dos figuras envueltas en negros mantos se encaminaban, siguiendo la vía Apia, hacia la Campania. Eran Nazario y el apóstol Pedro, que abandonaban Roma y a sus torturados hermanos…”
Los primero cristianos también supieron del AMOR y la fidelidad, del ardor que consume los espíritus que han encontrado la verdad, espíritus enamorados de la misión, de anunciar la vida nueva en CRISTO, el camino de la salvación; los primeros cristianos supieron de la fe. Mas esa fe no era espontánea ni ingenua, esa fe era producto del testimonio de unos hombres dispuestos a morir amando y amar muriendo, testimonio de los apóstoles.“…Y como los más valerosos y entusiastas entre los creyentes yacían en la cárcel, como a cada instante llegaban las voces de los mártires y la noticia de los ultrajes, como aquella desgracia era superior a cuanto podía imaginarse, no había uno que no temblara por su propia fe y se preguntase: ¿Dónde está Cristo? ¿Por qué permite que triunfe el mal?... Soy viuda, no tenía más que a mi único hijo. ¡Devuélvemelo Señor!... Los esbirros ultrajaron a mi hija y Cristo lo ha permitido…”
“…Pedro volvió a hablar. Empezó con voz imperceptible.
-¡Hijos míos! Yo mismo vi crucificar al Redentor en el Gólgota. Yo mismo oí los golpes del martillo con el que le clavaron en la cruz: y vi como ésta se levantaba en alto, para que el pueblo no perdiese el espectáculo de su muerte… Cuando me volví después de la crucifixión, exclame con el mismo dolor que sentís ahora vosotros: “!Hay de mí, Señor! ¿Eres Dios? ¿Por qué has muerto y por qué has entristecido los corazones de aquellos que creían que había venido tu reinado?” Pero Él, nuestro Dios y Señor, resucitó al tercer día después de su muerte. Y nosotros, convencidos de nuestra miseria y pequeñez de nuestro espíritu, nos hicimos más fuertes y desde aquel día nos dedicamos con afán a sembrar su semilla...”
“…Os hablo en nombre de Cristo. No os espera la muerte, sino la vida; no la tortura, sino la delicia inefable; no suspiros, no lagrimas, sino canticos alegres. Yo, el apóstol del Señor, os digo: ¡Oh viuda, tu hijo no morirá; renacerá a la vida eterna y tú te unirás a él muy pronto! ¡A ti, padre, a quien los esbirros deshonraron la hija inocente, te prometo que la encontrarás más pura que los lirios del valle! ¡A vosotros que vais a presenciar el martirio de personas queridas, a vosotros todos, infelices, temerosos, a vosotros los que debéis morir, os declaro, en nombre de Cristo, que despertareis de vuestro sueño para vivir toda una vida de felicidad! ¡En nombre de CRISTO, haced que la venda caiga de vuestros ojos y que se inflamen vuestros corazones!”
“…Señor –dijo Vinicio–, al despuntar el día hazte conducir por Nazario a los montes Albanos, donde iré a encontrarte. Después te llevare a Ancio, donde nos esperará una nave para transportarnos a Nápoles y a Sicilia…
...Esconde tu sagrada cabeza –decían otros-. ¡No permanezcas en Roma! ¡Ve a otra parte a sembrar la verdad, a fin de que esta no perezca contigo y con nosotros! ¡Escóndete maestro! ¡Huye de aquí! ¡Lejos de la fiera!...
Por último, hasta Lino volvió hacia él su cabeza temblorosa:
-Señor –le dijo-, el Redentor te ordenó que apacentaras su grey, pero ésta no se halla aquí; ve, pues, adonde puedas encontrarla. ¿Por qué has de permanecer en Roma más tiempo?… Tú eres la piedra sobre la cual se ha edificado la iglesia de Dios… Mira nuestras lágrimas- repitieron los presentes.
También se había inundado en llanto el rostro del apóstol. Se levanto luego y extendió sus manos sobre los fieles, diciendo:
-¡Alabado sea el nombre del Señor y hágase su voluntad! ”
No cabe duda que la mirada humana sea limitada; que hace falta elevar el espíritu para tener un mejor panorama; no cabe duda que donde ve el hombre común muerte y desolación, el cristiano ve una misión por cumplir (luchar contra eso).
“ …Las arboledas húmedas de rocío absorbían los primeros rayos de sol, despidiendo vivos resplandores a través de la ligera niebla matutina; se distinguían campos, casas, cementerios, aldeas, y los templos ocultos entre los árboles.
El camino estaba desierto… sobre las piedras de que estaba adoquinado el camino que conducía a la montaña resonaban los pasos de los peregrinos. Maravillosa aparición atrajo a las miradas del gran apóstol; le pareció que el círculo dorado, en vez de seguir el camino celeste, descendía de su altura para salir de su encuentro.
Pedro se detuvo, preguntando a su compañero:
-¿Ves aquel resplandor que se acerca a nosotros?
-¡No veo nada!- respondió Nazario.
Pedro, deslumbrado, hizo sombra a sus ojos con la mano y dijo después de breves instantes:
-Una figura viene hacia nosotros.
Pero no se oía ni una pisada en torno de los caminantes. El silencio era solemne; Nazario veía temblar las copas de los arboles, como sacudidas por una mano invisible.
La llanura iba aclarándose una vez más; el muchacho contemplaba sorprendido al apóstol.
-¡Maestro! ¿Qué tienes? –le preguntó asombrado.
El báculo de peregrino cayó de las manos de Pedro; sus ojos miraban fijamente hacia adelante, y su boca abierta denunciaba el más grande asombro; la sorpresa, la felicidad el éxtasis alternaban sobre el pálido rostro del anciano.
De pronto, extendiendo los brazos, cayo postrado, mientras con voz que nada tenía de humano exclamó:
-¡Cristo, Cristo!
Y bajo el rostro hasta el suelo, como besando los pies a un ser invisible. Después de largo silencio, del pecho oprimido del Apóstol brotaron las palabras:
-QUO VADIS,
DOMINE? (¿Adónde vas, Señor?)
Nazario no oyó respuesta alguna; mas en los oídos de Pedro resonó una voz triste, pero dulcísima:
-Si tú abandonas a mi pueblo, iré yo a Roma, para ser otra vez crucificado.
La frente del apóstol se apoyaba aún sobre el polvo del camino; Nazario temió que se hubiese desmayado o quizá muerto. Mas de pronto se levanto, y cogiendo con mano trémula el báculo, se volvió silencioso hacia las siete colinas de Roma.
El muchacho le siguió, repitiendo como un eco:
-Quo vadis, domine?
-¡A Roma! –respondió el apóstol en voz baja.
Y volvió a la ciudad."
A Roma, porque Roma era la misión, porque Roma era el centro del mundo, porque Roma tenía que ser cristiana y desde las siete colinas el Vicario de Cristo podría hacer de la Iglesia, una Iglesia UNIVERSAL, una Iglesia Católica. Porque «católico» proviene del griego καθολικός (katholikós), que significa universal.
"Pedro no tenía más que una sola respuesta para todas las preguntas que le dirigían:
-¡He visto al Señor!
En la noche de aquel día predico en el cementerio Ostriano y bautizo a todos los que querían purificarse con el agua de la vida.
Desde aquel día no falto nunca, siendo cada vez mayor el número de neófitos. Parecía que cada lágrima de los mártires había generado un cristiano, que cada suspiro lanzado en el anfiteatro(donde eran torturados los cristianos) había encontrado eco en mil corazones.
Cesar (Nerón) nadaba en sangre; Roma y el mundo pagano habían enloquecido. Pero los que sentían nauseas por todos aquéllos horrores, los que eran pisoteados y torturados, los infelices, los oprimidos, se agrupaban para oír la palabra de Dios, que por amor de los pecadores se había dejado crucificar. En aquel Dios, único digno de ser amado, encontraban lo que la sociedad de aquel tiempo nunca supo proporcionarles: ¡felicidad y amor!..."